
Cada Navidad, las mujeres de mi familia nos reunimos para fabricar algunos dulces navideños típicos de nuestra tierra. El sábado pasado tocó día de "Roscos". Antes, cuando nadie tenia horno en casa, el panadero alquilaba su horno a cambio de género, se quedaba con una pequeña parte de lo elaborado. Cuando cerraron el horno dejando paso a las industrias panaderas, esta tradición empezó a desaparecer poco a poco, aunque no en el seno de nuestra familia, (y bien orgullosa que me siento) que armadas con una paciencia algo anormal, horneamos en un horno casero hasta treinta o cuarenta kilos de roscos en una jornada. Así es como cada año, unos días antes de Navidad, mi madre pone su casa patas arriba para este acto de convivencia familiar. Por que este día es una ocasión perfecta para acercar a la familia, que a lo largo de toda la jornada, sobre todo por la tarde, empieza a aparecer dispuesta a probar los roscos y tomar una copita o un cafelito. Tíos, primos, amigos y algún que otro allegado, que se acerca atraído por el olorcito delicioso con el que inundamos el barrio. La mayoría, de camino ayuda un ratito a amasar. Un ir y venir de gente, un día ajetreado, pero feliz y divertido.

Echo de menos a mi abuela, siento que es ella la que guía nuestras manos para que la receta salga perfecta. Desde su muerte es mi madre la encargada de dirigir el trabajo, que algún día dirigiré yo, aunque espero que pasen muuuuuuuuchos años hasta que eso ocurra.
Mi hija, que este año ha amasado los roscos, y ha echo algunos animales con la masa. En la imagen de la derecha, terminando "un ratón".
Yo también quise hacer un poco el tonto, y amasé unos cuantos corazones.
El de la foto es para ti... ¿Te gusta?
Pués ya conocéis a los culpables de que cada Navidad coja unos cuantos kilos de mas... jejeje.
En el
Blog de los 1001 sabores, tenéis la receta explicada paso a paso, pero si no os apetece poneros a cocinar no os preocupéis, porque he traído un platito especialmente para todos vosotros. ¡ Que aproveche !