Marc Garanger, fotografió a miles de mujeres argelinas por orden del Gobierno francés, que había decidido que todos los habitantes de la que en ese momento era su colonia tuvieran un documento de identidad. El fotógrafo se encontró con una gran oposición por parte de las retratadas, que durante toda su vida habían escondido su rostro tras un velo. El disgusto y el desconcierto se puede leer en muchos de los rostros de estas mujeres. He pasado horas ampliando y mirando meticulosamente sus expresiones y sobre todo sus ojos o sus manos. Indescriptible el desamparo que reflejan.
No hace mucho, la artista yemení Amna el Nasari, denunciaba en un semanario español que en su país «mucha gente no considera a la mujer un ser humano completo, sólo un objeto sexual». Me pregunto... ¿Hasta cuando?
Y andaba preparando este post, cuando atraves de un medio informativo me ha llegado esta mañana esta noticia:
Una niña yemení de ocho años logró escapar de la casa conyugal hace dos semanas y llegar hasta el tribunal para denunciar a su padre y a su marido.
Se llama Nayud Mohamad Naser, tiene tan solo ocho años y pidió a un juez de su país que le ayude a conseguir el divorcio después de que su padre la obligara a casarse y a convivir con un hombre de 30 años.
"Trataba de huir de una habitación a otra, pero él me perseguía, me maltrataba y hacía conmigo lo que deseaba, cosas que no entiendo. Cuando me veía jugando, también me golpeaba y me pedía ir al dormitorio. Lloraba mucho, pero nadie me ayudaba"
El marido de Nayud no ha aceptado el divorcio. Ante el juez, manifestó:
«No me divorciaré. Tengo derecho a quedármela. Ningún poder podrá pararme».
Pero el juez de un tribunal de primera instancia en Saná, la capital de Yemen, dispuso que se encarcelara al marido y al padre, aunque luego liberó a este último por problemas de salud.
La extrema pobreza en ese país es, muchas veces, la causa de que los padres yemeníes obliguen a casar a sus hijas desde pequeñas.
El 52 % de las pobladoras de zonas rurales y beduinas se casan entre los siete y los 10 años. Ninguna legislación prohíbe este tipo de matrimonios. ¿Estamos ante un tipo de pederastia protegida por una cultura ?
Esta historia me ha echo emocionar, no sé si es que ando sensible, o es que la sonrisa de Nayud, al sentirse lejos de su calvario, me ha abierto una brecha de esperanza. Quizás algo esta empezando a cambiar. No puedo dejar de comparar la sonrisa de esta pequeña "heroa", con la de otra niña de mas o menos su edad fotografiada por Garanger, que sin duda corrió menos suerte.
Nayud Mohamad Naser y su abogada.
"Me siento feliz por estar ahora divorciada. Podré ir de nuevo a la escuela"