Recordando a Miguel Hernández Gilabert en el centenario de su nacimiento

”Hay un constante estío de ceniza
para curtir la luna de la era,
más que aquélla caliente que aquél iza,
y más, si menos, oro, duradera.
Una imposible y otra alcanzadiza,
¿hacia cuál de las dos haré carrera?
Oh tú, perito en lunas, que yo sepa
qué luna es de mejor sabor y cepa”
(Perito en Lunas- Miguel Hernández)
El pasado 26 de Marzo se cumplía el centenario del nacimiento del poeta Miguel Hernández, uno de los mayores poetas de nuestra lengua, y hoy 28 de Marzo el aniversario de su muerte.
Esta noche, como hago siempre, observaba desde mi balcón una hermosa Luna llena y fantaseaba con la idea que de “ella” se hubiese vestido de gala para homenajear a su Perito oficial.
Recordé que hace tiempo leí en alguna parte que el poema Perito en lunas, de Miguel Hernández, viajaría a la luna en una cápsula espacial que será lanzada en 2011, tras la gestión que para ello emprendió la Fundación Cultural Miguel Hernández (que diría Miguel si levantara la cabeza).
La historia de Miguel Hernández me conmueve profundamente por ser el reflejo del mayor de los milagros del ser humano: el afán por superar las limitaciones de conocimiento.
Criado como cabrero, vivió como cabrero, pero tuvo la valentía de compaginar su batalla diaria para ganarse el pan, con otra lucha también sin cuartel: aprender, leer y estudiar hasta terminar estudios de derecho y literatura. Por ser como fue, por no huir como hicieron otros y por luchar como luchó, a Miguel Hernández se le conoció y conoce como “El poeta del pueblo”.
Condenado a muerte en 1940, pasó sus últimos años de vida en la cárcel donde compartió celda con Buero Vallejo, y donde escribió uno de los poemas mas emotivos que he leído nunca, Nana de las Cebollas (articulo) y que diera origen al viejo dicho “contigo pan y cebolla”.
Enfermo de bronquitis y luego de tifus, que se le complicó con tuberculosis, falleció en la enfermería de una prisión alicantina la mañana del 28 de marzo de 1942 con tan sólo 31 años de edad.
Se cuenta como algo significativo, que no pudieron cerrarle los ojos, hecho sobre el que su amigo Vicente Aleixandre compuso un poema. 
¡Qué sola se quedó la luna
sin su perito-arquitecto
agrimensor de higueras
cabrero de firmamentos!
“Recordar a Miguel Hernández que desapareció en la oscuridad y recordarlo a plena luz, es un deber de España, un deber de amor. Pocos poetas tan generosos y luminosos como el muchachón de Orihuela cuya estatua se levantará algún día entre los azahares de su dormida tierra. (…) ¡Y éste fue el hombre que aquel momento de España desterró a la sombra! ¡Nos toca ahora y siempre sacarlo de su cárcel mortal, iluminarlo con su valentía y su martirio, enseñarlo como ejemplo de corazón purísimo! ¡Darle la luz! ¡Dársela a golpes de recuerdo, a paletadas de claridad que lo revelen, arcángel de una gloria terrestre que cayó en la noche armado con la espada de la luz!”
Pablo Neruda